miércoles, 12 de junio de 2013

Opina un querido amigo al que no veo desde hace más de 30 años

Fotógrafo: David Terrazas Morales
Querida Nené:
    ¡Qué gozada leer vuestro libro con el ánimo un tanto avieso de quien pega un ojo a un agujerillo del muro para asomarse a las andanzas, al otro lado, de un personaje como tú!
    La verdad es que la amiga que recuerdo no parece haber cambiado demasiado: especial, dotada de sentido del humor, un punto hipocondríaca, deslenguada, curiosa, comprometida, triste y frágil a ratos, buena hasta decir basta...
    Me he reído con muchos de vuestros pasajes, y me han emocionado también, y mucho, algunos de tus recuerdos, de tus confidencias.
    Gracias, en fin, por el valor y la generosidad precisa para poner el foco sobre vuestra vida y vuestros sentimientos, y por el talento para hacerlo desde una coña impregnada a ratos de temblor.
    Un abrazo fuerte, fuerte, y otro también para esa Lita, afanosa pareja en vuestro particular ping-pong. Y otro más para José Ignacio Artillo por su prólogo, cálido y hermoso.

Valen

domingo, 9 de junio de 2013

Una lectora se mea (literal) y texto para que se mee + gente


Estaba en casa sin salir. No me sentía bien (el tiempo no acompaña y me obliga a estar en casa). La tarde se presentaba gris pero... Ahí estábais vosotras hablándome a través de arrobadas. La carta de Nené relatando la visita a la peluquería me ha hecho reir tánto que, con mi pierna hecha polvo, he tenido que salir corriendo porque me meaba encima (es la pura verdad).
Gracias por recordarme que todavía es posible la risa.

Juani

(Incluyo seguidamente la carta para que se ría más gente...)

Nené a Lita

Así lo veo yo: Compartiendo los pequeños aprendizajes de cada día. Y lo hacemos desde lo que somos: mujeres. Me parece una oportunidad de apoyo mutuo, una ventanita azul a la que asomarse cada día y encontrar la voz amiga. Pues eso, gran dama de la vida, el pensamiento literario es lo que tiene, que una acaba expresándose literariamente. Esto, que en una niña resultaría insufrible, en damas largas como nosotras constituye nuestra expresión natural.

Ayer pasé por el duro trance mensual de la peluquería. Hoy estoy desmotivada, con el pelo como si me hubiera peinado con la Minipimer y cansada, muy cansada. Cuando hace unos días me cedieron el asiento en el autobús, decidí que las canas habían llegado a un punto en el que debía tomar medidas. Me encaminé a la peluquería sabiendo que la cosa no iría bien.

Nada más traspasar el umbral, una de las chicas se lanzó a arrancarme la chaqueta e intentar colocarme una batita cruzada -que a mí no me cruzaba-. Dije que hacía cincuenta años que me vestía sola y que tenía intención de seguir haciéndolo. En la sala de espera me empapé de todo el panorama rosa a nivel nacional e internacional. Una experiencia terrible después de un verano leyendo a Vicent y dándome baños de balneario. La visión de las revistas me llevó a la convicción de que vivo en un país de enfermos y porteras con olor a repollo. Veo el exilio cada vez más cerca, la verdad. Seguidamente me sentaron en un sillón, ante un enorme espejo que proyectaba una luz inclemente sobre mi cara en la que de pronto estaba viendo a mi abuela. Comenzaron a aplicarme el tinte y veinte minutos después, el espejo me devolvió la imagen de mi abuela teñida de rubia pero muy desmejorada. En este momento las fotos de las mujeres en las revistas (prietas, marciales, bronceadas y con las tetas caídas hacia arriba) me colocaron en una situación tan desfavorable que, a punto estuve de tirar la toalla -literalmente-. Me lavaron el pelo mientras, a través del hilo musical, un tío decía que estaba loco por ella. ¡Dios mío! Ya nadie, nunca, “porsiemprejamás” estará loco por mí -pensaba yo-. Me faltó poco para echarme a llorar cuando la oficiala preguntó: ¿Quiere usted “cremita suavizante”? Sí, en el alma –contesté en un rapto de sinceridad-. (A esas horas estoy arrepentida de la falta de autoestima que me impide dejarme las canas y los pelos del sobaco).

Sabía que no iba a ir bien, cuando la chica me preguntó: ¿Dónde lleva la raya? Le expliqué que no llevo raya jamás (la tía puso cara de circunstancias, como si el hecho de no llevarla fuera pecado mortal). Me abrió una raya en el lateral izquierdo. Callé porque ya me daba todo igual y no quería liarla.

Confirmé que no iba a ir bien, cuando comenzó a cortarme el centímetro que pedí; pero midiendo, parece ser, desde la raíz. En ese instante volvió a aparecer mi abuela en el espejo (esta vez disfrazada de quinto o de superviviente de Auschwitz). Acabé pensando que a la peluquera le iba el tema de la raya por las que se debe meter. Seguidamente, sacó un espejo de un cajón con la pretensión de que yo –la víctima- observara el horror desde más ángulos. Me negué. Intentó ponerme laca y pedí al cielo que pulsara el vaporizador al revés y se diera de lleno en los ojos.

¿Sobrevivo a la experiencia otro mes más? ¿Tú que piensas?.

Nené



Presentación en Cádiz





2006 Gestando Arrobad@s Dos Mujeres a la Carta


Reconociéndonos

Acabo de terminar vuestro libro y ya tengo mono y necesidad de seguir fisgando en vuestra existencia con esa impúdica mirada,de la que se reconoce, pero no lo reconoce. ¡¡¡Enhorabuena !!!

Marina García de Artacho

P.D. Este comentario lo envío Marina hace días, pero hasta ahora no lo había visto. Disculpas.

viernes, 7 de junio de 2013

Una jarrera (de Haro) opina

Las expectativas no han fallado y leer vuestro libro ha sido una gozada.Pienso releerlo para saborearlo mejor. No puedo, pues no soy tan hábil con las palabras, mejorar todo lo bueno que ya os han dicho pero las alabanzas se quedan cortas. Mucho ánimo para vuestra segunda entrega, seguiremos impacientes por leeros.

Charo Ruiz Lejardi

domingo, 2 de junio de 2013

Oh … arrobadas!!!

La propia Aurora López haciendo la moñas
“Dos mujeres a la carta”, que no estoy segura de si las elegí, como opciones del menú, o ellas me eligieron a mi. Tal vez las dos cosas. Después de “leérmelas” confirmé que eran la opción más sabrosa. Como siento que yo también fui elegida, te envío mi agradecimiento por haberme facilitado sentir tanto placer degustando ésta “sopa”de letras ordenadas de manera sincera, honesta, divertida, valiente, abierta, inteligente. Ya nos habéis contado cómo os lo montáis en la playa, y en este mar donde os habéis sumergido entre esas “ondas extrañas” que necesitan arrobas para deslizarse entre Cádiz y Sevilla. Tú, Lita, no te has puesto ni la crema protectora y Nené se ha quitado los “topolinos” y el “sombrero de rafia”. Me gusta: “clic”. Espero con ilusión vuestra próxima nutritiva creación… que no te redondea las caderas, ni te inflama los muslos… pero sí es pecado.

Aurora López Gallego

P.D. Estimada Aurora, preciso saber por qué has entrecomillado "topolinos" y "sombrero de rafia" (no vaya a ser que todo dios ande quitándose años). No digo más por no liarla.